Cobertura selectiva de medios privados: Las muertes que no se titulan por ser de izquierda

Cobertura selectiva de medios privados: Las muertes que no se titulan por ser de izquierda

En Colombia, incluso la muerte tiene precio y clase social. Mientras los crímenes contra figuras de la élite política monopolizan las portadas nacionales con cobertura minuto a minuto, el asesinato de José Erlery Velasco Bolaños, líder campesino y defensor del río Patía, se ahogó en el silencio de los grandes medios. Su cuerpo fue sepultado el miércoles 21 de agosto en Balboa, un municipio a 20 kilómetros de la Panamericana, sin que ni un solo corresponsal de Caracol, RCN, El Tiempo o El Espectador se acercara a registrar el dolor de una comunidad que entierra a uno de sus hijos. 

Mismas violencias, dos coberturas 

El lunes 18 de agosto, hombres armados irrumpieron en la finca de Velasco, en la vereda La Esperanza, y lo ejecutaron frente a sus cultivos. Era excandidato a la Alcaldía de Balboa, defensor del Pacto Histórico y voz incómoda para los intereses de la minería ilegal en el río Patía. Su muerte se suma a las 102 de líderes sociales asesinados en 2025, según Indepaz. Pero, a diferencia de otros casos de figuras políticas vinculadas a sectores privilegiados —cuyos nombres y rostros invaden las pantallas durante días—, el crimen de Velasco, hijo de campesinos y portavoz de los olvidados, apenas ha trascendido más allá de los mensajes de WhatsApp en el sur del Cauca. 

“Dejamos solo a uno de nuestros hijos, lo abandonamos”, repetía entre lágrimas una mujer en el velorio, mientras las floristerías del pueblo trabajaban en arreglos funerarios con los pocos recursos que tenían. A metros de allí, un vecino cuestionaba: “¿Qué bueno que el presidente lo tenga presente… Ojalá envíen al menos una comitiva al sepelio”. Nadie vino. Ni de Bogotá, ni de los estudios televisivos. Solo el viento del Patía llevó el eco de su lucha. 

La élite ocupa las portadas; el pueblo, el olvido 

En Colombia, el dolor tiene estrato. Mientras los noticieros nacionales despliegan equipos especializados para cubrir crímenes que involucran a la oligarquía —con análisis en vivo, entrevistas a “expertos” y titulares que repiten hasta el cansancio—, los asesinatos de líderes sociales en zonas rurales son relegados al ostracismo informativo. Porque “Cuando son hijos de la élite, la prensa habla día y noche. Cuando son del pueblo, hay silencio o se busca enterrar la noticia”.

Esta disparidad no es casualidad. Los grandes medios priorizan narrativas que refuerzan la agenda de los poderosos, ignorando que, según Naciones Unidas, Colombia es el país más peligroso del mundo para defensores ambientales. Mientras, en Balboa, la Red por la Vida y los Derechos Humanos del Cauca advierte: “El trabajo comunitario está siendo exterminado, pero a nadie le importa”. 

Un legado invisible para los reflectores 

José Erlery Velasco dedicó su vida a proteger el río Patía de la minería depredadora y a exigir la reparación de la vía del Mango, clave para el desarrollo del sur del Cauca. Pero su lucha, aunque vital para cientos de familias, carecía del “prestigio mediático” necesario para ser visibilizada. “Él no murió por casualidad. Murió por defender lo que es de todos”, afirmó un compañero de lucha durante el funeral, mientras el sonido de un carrilero campesino se mezclaba con el murmullo de los dolientes. 

A diferencia de otros casos que generan titulares 24/7, Velasco ni siquiera tuvo derecho a una nota de prensa institucional. La Defensoría del Pueblo había emitido en 2020 una alerta temprana para Balboa, señalando riesgos extremos para líderes sociales. Él recibió amenazas desde 2022, pero las instituciones nunca activaron medidas efectivas. “No hubo protección, pero tampoco hubo indignación pública”, lamentó un activista que pidió anonimato. 

La violencia clasista en el sur del Cauca

El municipio de Balboa, inmerso en una guerra sucia entre disidencias de las FARC, grupos narcoparamilitares y estructuras criminales, es un crisol de violencia estructural. Sin embargo, mientras los conflictos que afectan a las élites son analizados como “crisis de seguridad nacional”, los asesinatos en zonas rurales se reducen a “hechos aislados”. “Aquí hasta el duelo tiene estrato”, aseguró una líder comunitaria. “Ellos [los medios] solo lloran por quienes tienen apellido reconocido. Nosotros somos números en un informe”. 

Según Indepaz, el 85% de los líderes sociales asesinados en 2025 provenían de comunidades campesinas, indígenas o afrodescendientes. Sin embargo, menos del 5% de esos casos han tenido cobertura sostenida en medios de alcance nacional. “La prensa no llega por aquí”, repitió un joven del municipio, señalando la carretera asfaltada que conecta Balboa con el resto del país. “Pero cuando hay interés de los poderosos, hasta los helicópteros aparecen”. 

Un grito en la oscuridad 

Mientras el Gobierno anuncia planes contra la violencia en el campo, Balboa enterró a otro de sus hijos sin justicia ni visibilidad. La Red por la Vida exige esclarecer el crimen y garantizar protección a los líderes sobrevivientes, pero sabe que, sin presión mediática, las promesas oficiales se diluirán como el río Patía bajo el mercurio de la minería ilegal. 

“En Colombia, la muerte de un líder social no es noticia. La muerte de un privilegiado, sí”

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