Una coalición de legisladores demócratas lanzó este sábado una dura ofensiva política contra la administración de Donald Trump, calificando las recientes acciones militares en Venezuela como una violación flagrante de la Constitución y una traición a las promesas de campaña del mandatario.
Bajo la consigna de que el Congreso ha sido engañado, senadores y representantes exigen la votación inmediata de una Resolución de Poderes de Guerra para detener lo que consideran una intervención imprudente destinada al “cambio de régimen” y al control de recursos energéticos.
Mentiras bajo juramento: El engaño al Congreso
Uno de los puntos más críticos de la denuncia recae sobre los secretarios Marco Rubio (Estado) y Pete Hegseth (Defensa). El senador Andy Kim acusó a ambos funcionarios de mentir descaradamente durante sus procesos de confirmación.
“Nos miraron a los ojos hace unas semanas y dijeron que no se trataba de un cambio de régimen. Mintieron”, afirmó Kim, señalando que la Casa Blanca ha evitado el proceso de aprobación constitucional porque sabe que el pueblo estadounidense rechaza mayoritariamente otra guerra.
Petróleo y distracción: Las verdaderas motivaciones
Para figuras prominentes como Alexandria Ocasio-Cortez y el senador Chris Murphy, la narrativa oficial sobre la lucha contra el narcotráfico es una “cortina de humo”. Los legisladores sostienen que los verdaderos motores de la ofensiva son:
- Intereses Petroleros: El control de las reservas crudas de Venezuela para beneficiar a aliados de la industria.
- Estrategia de Distracción: Un intento de desviar la atención pública de escándalos internos (como el caso Epstein) y del aumento desorbitado en los costos de salud y alimentos.
- Vanidad Política: Murphy calificó la acción como un esfuerzo por “satisfacer la vanidad de Trump” y saldar rencores históricos de sectores neoconservadores.
El costo humano y la legitimidad militar
El rechazo no solo es político, sino también basado en la experiencia de combate. El senador Ruben Gallego y el representante Jake Auchincloss (excomandante de la Infantería de Marina) destacaron el peligro de repetir errores del pasado.
“Comandé tropas en Latinoamérica; los militares merecen un comandante en jefe que opere con estrategia y legitimidad, no uno que inicie guerras de sangre por petróleo”, sentenció Auchincloss.
Un futuro incierto
La falta de sesiones informativas (briefings) con el Congreso ha exacerbado la tensión. Los legisladores advierten que esta acción no solo aísla a Estados Unidos de sus aliados internacionales, sino que establece un precedente peligroso: que atacar a un jefe de estado es una política aceptable.
Mientras la Casa Blanca mantiene su postura, el ala demócrata en el Capitolio busca movilizar a los republicanos para “tomar las riendas de la política exterior” y evitar que el conflicto escale a una guerra regional de consecuencias impredecibles.

