SATENA acelera su transformación: Flota, rutas y proyección internacional

SATENA acelera su transformación: Flota, rutas y proyección internacional

La aerolínea colombiana SATENA atraviesa uno de los momentos más ambiciosos de su historia. Bajo el liderazgo del brigadier general Óscar Zuluaga, la compañía estatal puso en marcha una transformación estructural que combina renovación de flota, apertura masiva de rutas y, por primera vez en su trayectoria, la posibilidad de operar vuelos internacionales.

Una flota en expansión

El proceso de modernización arrancó en 2024 con la adquisición de ocho aeronaves Twin Otter, equipos diseñados para operar en pistas cortas y no pavimentadas, condiciones habituales en la geografía colombiana. De estas aeronaves, tres ya fueron recibidas y las cinco restantes se esperan durante el primer semestre de este año. A esto se suma la próxima llegada de un ATR 72-600, prevista para finales de marzo o comienzos de abril, y otras tres aeronaves similares antes de que termine 2025, lo que llevaría la operación a un promedio de 20 aviones activos en 2026, con proyección de alcanzar 25.

Para financiar esta expansión, SATENA aplicó una estrategia mixta: los Twin Otter fueron adquiridos con recursos de capitalización del Gobierno Nacional —de los cuales ya se desembolsó el 75%—, mientras que los ATR ingresan bajo la figura de leasing financiero, un modelo que, según Zuluaga, permite que los equipos se paguen con su propia operación.

Más rutas, más colombianos conectados

El crecimiento en flota va de la mano con una expansión sin precedentes en la red de destinos. La aerolínea pasó de 88 rutas en 2022 a 172 en 2025, y proyecta cerrar 2026 con 230 conexiones activas, con especial énfasis en la Amazonía, la Orinoquía y el Pacífico colombiano, regiones donde la conectividad aérea representa, en muchos casos, el único vínculo con el resto del país.

Uno de los hitos más recientes fue la inauguración de la ruta Barranquilla–Riohacha, la primera operación comercial regular de SATENA en La Guajira. Operada con un ATR 72 de 70 sillas con frecuencias los lunes, miércoles y viernes, esta ruta es solo el punto de partida: la intención de la compañía es extenderse hacia la Alta Guajira y hacer presencia en todo el departamento.

En el Pacífico, los resultados ya son visibles. Durante 2024, SATENA logró conectar el 100% de los municipios con pistas operables para sus aviones de 19 sillas en esa región, un logro que ahora busca replicar en el oriente del país.

El combustible, el gran obstáculo

El principal freno para la expansión en el oriente colombiano no es la falta de aeronaves, sino la ausencia de infraestructura logística, particularmente el suministro de combustible. En municipios como Carurú y Mitú, en el Vaupés, no se vuela desde hace más de 25 años, y restablecer esas operaciones depende de garantizar abastecimiento a costos accesibles. De lo contrario, transportar el combustible en las mismas aeronaves reduciría la capacidad para pasajeros y haría inviables las rutas económicamente. Zuluaga confirmó que trabajan con el Ministerio de Minas y Energía para encontrar soluciones concretas.

La mirada puesta en el exterior

El anuncio que más llama la atención es la posibilidad de abrir rutas internacionales, algo inédito para una compañía cuya misión histórica ha sido el servicio social y la conectividad regional. Entre los destinos que evalúa SATENA figuran la conexión de San Andrés con San José de Costa Rica, y la de Ipiales con Quito o Esmeraldas, en Ecuador, con el objetivo de dinamizar el comercio y el turismo en las zonas de frontera.

Un actor clave con vocación social

Vale recordar que el 75% de la operación de SATENA tiene carácter social y es financiada mediante una subvención estatal que para este año asciende a cerca de $94.000 millones, canalizados a través del Ministerio de Hacienda y el Ministerio de Defensa. Con esa base, la aerolínea transportó 1,47 millones de pasajeros en 2024, una cifra histórica, y aspira a mover entre 1,8 y 2 millones en 2026.

El objetivo final que traza Zuluaga es contundente: que antes de que termine 2026, ningún municipio apartado de Colombia quede sin conexión aérea. Una promesa que, de cumplirse, reescribiría la historia de la movilidad en el país.

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