La más reciente medición de Guarumo y EcoAnalítica para El Tiempo Casa Editorial confirma que el senador Iván Cepeda, en fórmula con Aida Quilcué, encabeza la intención de voto presidencial de cara a las elecciones de 2026, con un respaldo del 37,5% que lo separa por más de 17 puntos de su competidor más cercano.
El sondeo fue realizado entre el 19 y el 25 de marzo de 2026, consultando a 3.736 ciudadanos en 69 municipios del país mediante encuesta presencial con muestreo probabilístico estratificado. Su margen de error es de 2,2 puntos porcentuales, con un nivel de confianza del 95%.
Una tendencia al alza sostenida
Más allá del dato puntual de marzo, lo que distingue a Cepeda del resto del campo presidencial es la consistencia de su crecimiento. Desde enero, cuando registraba un 33,6%, su intención de voto ha trazado una curva ascendente que ningún otro aspirante ha logrado sostener con igual regularidad.
Sus principales competidores presentan comportamientos más irregulares. Abelardo De la Espriella, acompañado por José Manuel Restrepo, ocupa el segundo lugar con el 20,2%, luego de pasar por un pico de 22,6% en febrero para luego retroceder. Paloma Valencia, con Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial, se sitúa en tercer lugar con 19,9%, mostrando un crecimiento importante frente al 6,9% que tenía en enero, aunque todavía a distancia considerable del puntero.
El resto del espectro se fragmenta: Sergio Fajardo obtiene 3,9%, Claudia López el 2,3%, y ningún otro aspirante supera el 1,5% individualmente.
Dominio en todos los escenarios de segunda vuelta
Uno de los hallazgos más destacados de la encuesta es el desempeño de Cepeda en los cruces de segunda vuelta. En todos los duelos directos planteados por la medición, el candidato izquierdista resulta victorioso:
Frente a De la Espriella, Cepeda alcanzaría el 44,9% contra el 36,4% de su rival. Ante Paloma Valencia, la diferencia se estrecha pero se mantiene favorable: 43,3% contra 40,0%. Y en un hipotético mano a mano con Fajardo, la ventaja se amplía nuevamente: 44,8% frente al 28,4% del exgobernador antioqueño.
Un dato revelador aparece en los escenarios donde Cepeda no figura en la papeleta. Cuando se simuló un duelo entre De la Espriella y Fajardo, el porcentaje de ciudadanos que no votaría por ninguno de los dos se disparó al 43%, lo que sugiere que una parte significativa del electorado activo está movilizada, en buena medida, por la presencia del candidato de izquierda en la contienda.
El perfil del electorado colombiano
La encuesta también indagó por la autodefinición ideológica de los consultados. El 34,1% se identificó con la izquierda, el 30% con la derecha, el 19,4% dijo no sentirse cercano a ninguna tendencia y apenas el 10,9% se ubicó en el centro. Esta distribución ayuda a entender parte del respaldo que acumula Cepeda, dado que el bloque ideológicamente más numeroso del electorado coincide con su perfil político.
En materia socioeconómica, el 61,7% de los encuestados pertenece a los estratos 2 y 3, con una participación equilibrada entre hombres y mujeres.
El rechazo: la otra cara de la polarización
La medición también registró el llamado voto negativo, es decir, por quién los ciudadanos afirman que nunca votarían. En ese indicador, Cepeda también encabeza la lista con un 37,2%, cifra que evidencia el nivel de polarización que rodea su figura y que ha acompañado su carrera política desde hace años.
Sin embargo, cuando se contrastan ambas variables, la base de apoyo firme del candidato supera con amplitud su rechazo neto, especialmente al medirse en enfrentamientos directos con sus rivales.
Un tablero político que sigue abierto
Faltan varios meses para que Colombia defina quién ocupará la Casa de Nariño a partir de 2026, y el escenario puede cambiar. La pregunta que deja abierta esta encuesta es si los sectores que hoy aparecen fragmentados lograrán articular una candidatura unificada capaz de recortar la ventaja del líder en las mediciones.
Por ahora, los números muestran con claridad una fotografía: Iván Cepeda llega al tramo final de la campaña como el candidato con el mayor respaldo ciudadano medido, una base electoral en crecimiento y la capacidad de ganar, según las proyecciones, cualquier duelo en segunda vuelta. Lo que resta por verse es si esa fotografía se mantendrá cuando llegue el momento de votar.

