¿Por qué les preocupa tanto el cambio?

¿Por qué les preocupa tanto el cambio?

Por: Luis Fernando Ballesteros Meza – Rep. a la Cámara por Córdoba

Resulta llamativo que, faltando todavía 13 meses para las elecciones territoriales, El Meridiano dedique su primera plana a anunciar que el supuesto “canibalismo político” dejará víctimas en la izquierda.

Uno podría hasta agradecer semejante preocupación por nuestra suerte.

Pero quizás la pregunta interesante no sea si existen diferencias entre quienes queremos transformar la política de Córdoba. Claro que existen. Somos una fuerza diversa, formada por liderazgos sociales, sectores progresistas, organizaciones políticas, movimientos ciudadanos y, sobre todo, miles de personas que no necesariamente pensamos igual ni tenemos que hacerlo.

La verdadera pregunta es otra:

¿Por qué les preocupa tanto el cambio?

¿Por qué, a más de un año de las elecciones, resulta tan importante instalar desde una primera plana la idea de que quienes representamos una alternativa estamos divididos, debilitados y condenados a perder?

Tengo una interpretación diferente.

Porque algo cambió en Córdoba.

Durante décadas nos hicieron creer que la política departamental tenía propietarios. Que para llegar había que tener padrinos, pertenecer a una casa política, contar con el respaldo de un cacique o disponer de enormes cantidades de dinero.

Pero demostramos que esa roca también podía romperse.

Esta curul en la Cámara de Representantes no nació de la compra de votos ni del respaldo de los clanes tradicionales. Nació de miles de ciudadanos que decidieron desafiar una manera de hacer política que durante décadas parecía invencible.

Y por eso esta curul no puede entenderse simplemente como la llegada de una persona al Congreso.

Es una grieta en el sistema.

Es la demostración de que en Córdoba se puede competir y ganar de otra manera.

Pero, sobre todo, es la demostración de algo mucho más poderoso: cuando la gente se organiza, participa y decide, el poder deja de pertenecerles a unos pocos.

Eso es poder popular.

Y ese poder no es patrimonio de la izquierda, de la derecha, de un congresista, de un candidato ni de un partido.

Pertenece a la gente.

A quienes quieren una política decente. A quienes están cansados de que las decisiones se tomen entre unos pocos. A quienes nunca han militado en un partido. A quienes se consideran progresistas, independientes o simplemente ciudadanos que quieren que las cosas cambien.

No necesitamos preguntarle a nadie dónde se ubica ideológicamente para invitarlo a construir una Córdoba diferente.

Hoy podemos construir algo distinto.

Y si pudimos hacerlo para llegar al Congreso, también podemos hacerlo para gobernar Montería, para disputar la Gobernación y para abrir caminos de cambio en cada rincón de Córdoba.

Quizás eso explique tanta preocupación.

Porque por primera vez existe una fuerza política, social y ciudadana con capacidad real de disputarles el poder a quienes durante décadas se acostumbraron a administrarlo.

Y aquí aparece otra diferencia fundamental.

En la vieja política, muchas veces los candidatos nacen de acuerdos entre jefes, casas políticas y estructuras de poder.

Nosotros queremos que decida la gente.

Así ocurrió conmigo.

Competimos en una consulta. Recorrimos Córdoba. Presentamos nuestras propuestas y finalmente fueron los ciudadanos quienes decidieron quién debía encabezar nuestra lista a la Cámara.

Después vino la unidad.

Y después vino la victoria.

Ese mismo principio debe acompañarnos hacia 2027.

Hará hombres y mujeres con aspiraciones legítimas al Concejo, la Asamblea, las alcaldías y la Gobernación. Habrá competencia, diferencias y debate.

Y quiero decirles algo especialmente a quienes hoy, desde cualquier territorio de Córdoba, sueñan con representar a sus comunidades pero sienten que no tienen detrás una gran casa política, un cacique o una poderosa estructura económica:

sí se puede.

Nuestra victoria ya demostró que ninguna elección está reservada de antemano para los poderosos.

En Montería tenemos una oportunidad histórica. Por ser nuestra capital, ganar su Alcaldía tendría un enorme significado político y demostraría que una alternativa ciudadana también puede gobernar el principal centro político, económico y administrativo del departamento.

Pero esta esperanza no termina en Montería.

Tiene que recorrer Córdoba.

Tiene que llegar a cada municipio donde exista una mujer, un joven, un campesino, un dirigente comunal, un líder social, un trabajador, un emprendedor, un profesional o cualquier ciudadano dispuesto a representar dignamente a su comunidad.

Queremos que surjan muchos.

Que se atrevan.

Que compitan.

Que organicen a la gente.

Que demuestren que el poder popular también puede convertirse en poder para gobernar y transformar.

Habrá competencia entre nosotros. Eso no me preocupa.

Porque al final será el pueblo quien decida.

Las consultas populares permitirán que sean los ciudadanos, y no un congresista, un cacique o una casa política, quienes legitimen nuestras candidaturas.

Y cuando el pueblo hable, nuestra obligación será unirnos alrededor de su decisión.

Por eso resulta equivocada la idea de presentar toda diferencia como “canibalismo”.

No necesitamos pensar igual para caminar juntos.

Ni siquiera necesitamos pertenecer al mismo partido o identificarnos con la misma corriente ideológica.

Necesitamos algo mucho más importante: compartir la convicción de que Córdoba puede gobernarse de otra manera.

Nuestro adversario no es quien piensa distinto dentro de este enorme movimiento de cambio.

Nuestro desafío está frente a nosotros: derrotar democráticamente una forma de hacer política basada en el poder de unos pocos y reemplazarla por otra en la que las decisiones regresen a la gente.

Por eso recibo aquella primera plana con tranquilidad.

Incluso con optimismo.

Porque si fuéramos irrelevantes, si no representáramos ninguna amenaza electoral y si estuvieran convencidos de que no tenemos posibilidades, ¿por qué dedicar una primera plana, 13 meses antes de las elecciones, a explicar que estamos derrotados?

Quizás están viendo lo mismo que nosotros.

Que algo empezó a cambiar.

Que aquella curul no fue el final de una campaña, sino el comienzo de algo mucho más grande.

Rompimos la roca.

Ahora tenemos que ensanchar esa grieta para que entren muchos más.

Concejales. Diputados. Alcaldes y alcaldesas. Una Alcaldía de Montería diferente. Una Gobernación que responda a la gente.

Y cientos de nuevos liderazgos ciudadanos y populares convencidos de que no necesitan pedir permiso para participar en política.

No queremos reemplazar una élite por otra.

Queremos que el poder cambie de manos: que vuelva a la gente.

Ese es el verdadero sentido del poder popular.

No importa si alguien se define de izquierda, progresista, independiente o simplemente como un ciudadano cansado de la política de siempre.

Hay espacio para todos los que quieran construir una Córdoba más justa, próspera, democrática y con oportunidades.

Que otros intenten convencernos de nuestra debilidad.

Nosotros vamos a organizarnos, competir democráticamente, dejar que el pueblo decida y después unirnos.

Porque si algo demostramos ya es que sí se puede ganar sin pedirles permiso a los de siempre.

Y en 2027 no vamos solamente por una elección.

Vamos a demostrar, desde Montería y desde todos los territorios de Córdoba, que cuando la gente se organiza, participa y decide, también puede gobernar.

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