La presidencia de Javier Milei atraviesa su momento más crítico desde el inicio de su mandato. Los datos de las principales consultoras del país coinciden en trazar un panorama adverso para el gobierno libertario: más de 6 de cada 10 argentinos desaprueba su gestión, una cifra que ya no admite lecturas coyunturales y que los propios analistas califican como una señal estructural de desgaste político.
Según el último relevamiento de la consultora brasileña AtlasIntel, la aprobación presidencial se ubica en el 35,5%, frente a un 63% de desaprobación. En la misma dirección, la consultora Zuban Córdoba y Asociados eleva ese rechazo al 64,5%, con una aprobación del 34,3%. Ambos estudios dibujan una tendencia que se ha venido consolidando progresivamente en los últimos meses y que representa el peor registro desde que Milei llegó a la Casa Rosada.
Una economía que pesa en las urnas
El desgaste tiene raíces profundas. La inflación sostenida, la caída del poder adquisitivo y un mercado laboral que no termina de dar señales de recuperación se instalan como los factores de fondo que erosionan la percepción ciudadana sobre la gestión. Para una administración que construyó buena parte de su capital político en la promesa del ajuste como medicina, los tiempos de espera de la ciudadanía parecen haberse agotado.
La evaluación general del Gobierno refleja con claridad ese malestar: el 59,3% de los encuestados califica la administración como mala o muy mala, mientras que solo el 30,6% la considera buena o excelente.
El “caso Adorni” y la corrupción que erosiona el relato
A la presión económica se suma una serie de escándalos políticos que golpearon de lleno el discurso central del oficialismo. Las investigaciones sobre viajes, gastos y patrimonio del jefe de Gabinete, Manuel Adorni, junto con las denuncias por presuntas coimas vinculadas a la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), tocaron el nervio más sensible del gobierno: su autoproclamada guerra contra la “casta política”.
Para una fuerza que edificó su identidad sobre la denuncia de la corrupción del sistema, la irrupción de estos cuestionamientos en su propio entorno representa un daño que va más allá de la imagen: afecta la coherencia del proyecto político.
El desgaste se extiende a todo el gabinete
Los números revelan que la erosión no se limita a la figura presidencial. Milei acumula un 60,6% de imagen negativa, pero las cifras de sus colaboradores más cercanos resultan aún más contundentes.
Adorni lidera el rechazo con un 72,1% de imagen negativa y apenas un 16,5% de imagen positiva. La secretaria de la Presidencia, Karina Milei, hermana del mandatario, no se queda atrás con un 66,3% de rechazo. En una paradoja que incomoda a la Casa Rosada, la ministra de Seguridad Patricia Bullrich aparece como la mejor posicionada dentro del espacio, aunque su imagen negativa asciende al 55,5%, una cifra que en cualquier otro contexto político sería motivo de alarma.
La brecha de género: un obstáculo estructural de cara a 2027
Uno de los hallazgos más significativos de los estudios apunta a una fractura profunda en la percepción según el género. Casi el 70% de las mujeres desaprueba la gestión de Milei, un rechazo que supera en aproximadamente diez puntos al registrado entre los hombres.
Los propios analistas son categóricos al respecto: “No es un dato coyuntural ni un ruido estadístico; es una señal estructural que cualquier estrategia electoral libertaria debe procesar, porque sin recuperar terreno en ese segmento será difícil mover el techo de 2027”, advierte el informe de Zuban Córdoba.
El fantasma del cambio, sin alternativa clara
El dato quizás más revelador de la encuesta es que el 71,2% de los argentinos considera que “hace falta un cambio de gobierno”. Una mayoría aplastante que, en otro contexto, equivaldría a una sentencia política inapelable.
Sin embargo, la crisis de imagen del oficialismo convive con una realidad igualmente compleja: la ausencia de una alternativa opositora que logre capitalizar ese descontento de manera articulada. La oposición, fragmentada y sin una figura que concentre expectativas, no ha logrado traducir el rechazo al gobierno en adhesión propia.

