La emancipación de Margarita.

La emancipación de Margarita.

Hay procesos políticos que se anuncian con discursos grandilocuentes y otros que se revelan, casi sin querer, en el cruce de comunicados de una semana cualquiera. Lo que ocurrió entre Margarita Guerra y Fuerza Ciudadana esta semana pertenece al segundo tipo: no hubo ruptura formal, pero quedó en evidencia algo que en el Magdalena se venía intuyendo desde hace meses: la gobernadora ya no gobierna a la sombra de Carlos Caicedo, y no está dispuesta a que se le siga leyendo como una administradora de su legado.

El detalle revelador no fue la denuncia de amenazas por parte de la gobernadora, sino la respuesta que la le dio a Rafael Martínez días después. Cuando el exgobernador le recordó, con cortesía política, que las obras que ella hoy inaugura nacieron en administraciones anteriores, Guerra no aceptó el gesto en silencio: le recordó que no la eligieron 180.000 militantes de un proyecto político, sino ciudadanos “de distintas corrientes de pensamiento“, y que su deber es con “más de un millón de magdalenenses“. Es una frase que vale como declaración de independencia: Guerra reclama para sí una legitimidad que ya no depende de quienes la postularon.

Ese gesto se completa con otro, más discreto, pero igual de significativo: Guerra exoneró expresamente a Caicedo de las amenazas que denuncia, un movimiento que le permite separar dos cosas que antes iban juntas —la persona de Caicedo y la estructura de Fuerza Ciudadana— y quedarse con el respaldo electoral, sin la tutela política. Es, en el lenguaje de la política regional, una forma elegante de decir ” Gracias por el apoyo, pero ahora la que gobierna soy yo”.

Lo que viene, si esta lectura es correcta, es un Magdalena con un nuevo eje de poder: ya no el caicedismo administrado por una figura afín, sino un liderazgo propio forjado a pulso con gestión territorial, cercanía con las comunidades y una narrativa de lucha contra la corrupción que, convenientemente, también sirve para justificar el distanciamiento de quienes la trajeron al cargo. Si Guerra logra sostener ese relato con hechos de gestión, el Magdalena podría estar viendo nacer una nueva fuerza política departamental que ya no responde al “presidente fundador”, y con Margarita Guerra a la cabeza de un proyecto que, por fin, hable en nombre propio. La emancipación de Margarita Guerra tiene ya con esto, su primer capítulo escrito.

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