La histórica mesa argentina, donde el Asado reinaba como símbolo de estatus y cultura, hoy se resquebraja bajo el peso del ajuste. En la Argentina de Javier Milei, donde la inflación persistente y el colapso del poder adquisitivo han vuelto inaccesible la carne de res para la mayor parte de la sociedad argentina, la necesidad económica está forzando un cambio de dieta sin precedentes. La irrupción de la carne de burro en las carnicerías es el síntoma más crudo de una población que, ante la imposibilidad de costear la canasta básica, buscan alternativas nada ortodoxas de consumo.
El factor precio: la mitad que la res
Desde principios de abril, se comercializan cortes a U$5 (7.500 pesos argentinos) el kilo, presentándolos con una preparación similar a la de los tradicionales cortes de res. El argumento es directo: el precio final no superará, en ningún caso, el 50% del valor de la carne de res, que hoy ronda los U$15 (20.000 pesos argentinos) por kilo. Lo que estaba previsto para vender en una semana se agotó en un día y medio, lo que claramente responde a una demanda real sostenida por la necesidad.
Esta brecha de precios responde a un escenario donde el consumo de carne vacuna en Argentina ha caído a mínimos históricos bajo la administración del presidente Javier Milei, situándose por debajo de los 50 kg por habitante al año, una cifra que no se veía en dos décadas. Ante esto, el pollo y el cerdo ya no parecen suficientes para contener el golpe al bolsillo, abriendo paso a opciones que hasta hace poco eran impensables para el argentino promedio.
Para muchos analistas, la venta de carne de burro es una señal inequívoca del alcance del ajuste implementado por el gobierno libertario. Lo que para el sector oficialista podría leerse como una “innovación de mercado” y desregulación de la oferta, para los sectores sociales representa una degradación de la calidad de vida.
Una respuesta a la crisis productiva
El productor Julio Cittadini, uno de los impulsores de la iniciativa, defiende la propuesta como una salida económica para los campos de la Patagonia donde la ganadería tradicional ya no es viable. En estas zonas, la cría de burros aparece como una reconversión productiva ante factores climáticos adversos y la falta de rentabilidad de otros sectores.
La realidad es que, mientras el salario promedio se aleja cada vez más frente a la perdida de poder adquisitivo, la carne de burro ha dejado de ser una curiosidad para convertirse en una opción de supervivencia. En la Argentina libertaria, el mapa del consumo se sigue trasnformadose bajo la presión de la inflación que parece no ceder.

