¿Firmes por la patria?: Abelardo De la Espriella juró lealtad absoluta a Estados Unidos, pretende gobernar Colombia.

¿Firmes por la patria?: Abelardo De la Espriella juró lealtad absoluta a Estados Unidos, pretende gobernar Colombia.

El ultraderechista Abelardo de la Espriella ha construido su campaña presidencial sobre un argumento central: Colombia necesita un líder que defienda sus intereses sin titubeos, un hombre de mano firme y lealtad incuestionable a la nación. El mensaje ha calado en sectores que reclaman orden y soberanía. Sin embargo, existe un documento jurídico que complica ese relato.

En febrero de 2023, el cuestionado abogado y candidato presidencial adquirió la ciudadanía estadounidense. El trámite conlleva un paso que muchos naturalizados recuerdan como un momento solemne: el juramento de lealtad a los Estados Unidos. Y ese juramento, en su literalidad, plantea preguntas que De la Espriella aún no ha respondido con claridad ante el electorado colombiano.

“Renuncio y abjuro absoluta y completamente toda lealtad y fidelidad a cualquier príncipe, potentado, estado o soberanía extranjera.”

Esas son las palabras exactas que el candidato pronunció ante las autoridades migratorias estadounidenses. El juramento de naturalización, exigido por ley a todo nuevo ciudadano norteamericano, incluye además el compromiso de apoyar y defender la Constitución y las leyes de los Estados Unidos, portar armas en nombre de ese país si la ley lo exige, y prestar servicio cuando así se requiera. No es un trámite menor. Es, en términos jurídicos, una declaración de fidelidad a una nación extranjera.

El juramento de naturalización estadounidense exige al nuevo ciudadano “apoyar y defender la Constitución y las leyes de los Estados Unidos contra todos los enemigos, extranjeros y nacionales”, así como renunciar expresamente a cualquier lealtad previa a otro Estado. La norma no distingue entre países amigos o aliados.

La pregunta que nadie ha contestado

El interrogante no tiene intención de ser una trampa política; es, en realidad, una pregunta constitucional legítima. Si un ciudadano colombiano que aspira a la Presidencia de la República ha jurado lealtad formal a otra nación, ¿cómo gestionaría ese compromiso en caso de que los intereses de Colombia y los de Estados Unidos entraran en conflicto? ¿Qué ocurriría ante una negociación comercial tensa, una diferencia diplomática o una decisión soberana que Washington rechazara?

De la Espriella no ha abordado públicamente esta tensión. Su campaña continúa presentándolo como el candidato de la soberanía y el patriotismo, sin que el tema del juramento haya ocupado un lugar central en sus declaraciones. Quizás porque la respuesta no es sencilla.

Un discurso de patriotismo construido por alguien que, jurídicamente, prometió fidelidad a otra bandera merece, cuanto menos, una explicación.

¿Defensores de la Patria?

Colombia reconoce la doble nacionalidad desde 1991, y tener ciudadanía de otro país no es, en sí mismo, un impedimento legal para aspirar a la Presidencia según el ordenamiento jurídico vigente. Pero la discusión no es solo legal: es política y simbólica. La campaña de De la Espriella ha utilizado el lenguaje del patriotismo con una frecuencia y una intensidad que hacen inevitable la comparación con su propia hoja de vida.

Otros candidatos y analistas políticos han señalado que existe una distancia considerable entre invocar el amor a Colombia en cada discurso y haber prestado, ante un notario estadounidense, un juramento que incluye la renuncia expresa a cualquier lealtad a naciones extranjeras, entre ellas, inevitablemente, Colombia.

La Constitución colombiana de 1991 permite la doble nacionalidad y no impide que ciudadanos naturalizados en otros países aspiren a la Presidencia. Sin embargo, no contempla explícitamente el escenario de un candidato que haya prestado juramento de lealtad a una potencia extranjera como requisito para obtener esa ciudadanía.

El 21 de junio, los colombianos no solo elegirán entre dos modelos muy diferentes de país. Elegirán también a quién le creen. Y para creerle a alguien que habla de patriotismo, primero hay que entender a qué bandera le juró lealtad cuando nadie en Colombia estaba mirando.

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